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Glaucoma: presión ocular, síntomas y detección a tiempo

Publicado 23 de septiembre de 2026 Actualizado 23 de septiembre de 2026 Redacción · Redacción de Ojos en Forma 23 min de lectura

Pasillo estrecho de una vivienda con las puertas entornadas, iluminado solo al fondo, con los laterales en penumbra

El glaucoma es un grupo de enfermedades del ojo en las que el campo visual se va perdiendo de forma progresiva, y en las que la presión intraocular y el estado del nervio óptico son las dos piezas que el oftalmólogo valora para diagnosticarlo. La forma más frecuente avanza despacio, sin dolor y sin aviso. Según la Sociedad Española de Oftalmología, afecta a cerca del 3 % de la población española, alrededor de un millón de personas, y la mitad no sabe que lo tiene. La presión intraocular normal se sitúa aproximadamente entre 11 y 21 mmHg, aunque una cifra dentro de ese rango no descarta la enfermedad.

¿Qué relación tiene el glaucoma con la presión del ojo?

Una relación estrecha, pero no de igual a igual. La presión intraocular es el factor de riesgo principal y es lo que se mide primero, y el rango que las fuentes clínicas consideran normal va aproximadamente de 11 a 21 mmHg. Por encima de esa cifra se habla de hipertensión ocular.

Hipertensión ocular no es glaucoma. El Manual MSD lo dice con claridad. Una presión por encima de 21 mmHg no equivale por sí sola a un diagnóstico, que exige valorar además el nervio óptico, el campo visual y otros factores. Y pone números a esa distancia. De las personas con la presión por encima de 21 mmHg, solo entre el 1 % y el 2 % al año —alrededor del 10 % en cinco años— desarrolla glaucoma. La mayoría, por tanto, no lo desarrolla; lo que hace es revisarse.

Y hay un dato que desmonta la idea de que todo se resuelve con una cifra. Aproximadamente un tercio de las personas con glaucoma tiene la presión dentro del rango normal, lo que se conoce como glaucoma de tensión normal. Con la presión «bien» se puede tener la enfermedad.

Cifra de presión intraocular Cómo se interpreta
Aproximadamente 11-21 mmHg Rango considerado normal; no descarta glaucoma por sí solo
Por encima de 21 mmHg Hipertensión ocular; factor de riesgo, no diagnóstico
Aproximadamente 40-80 mmHg Cifras descritas en el ataque agudo de cierre angular; urgencia inmediata

Esa es también la razón por la que ningún producto que prometa «normalizar la presión ocular» está prometiendo prevenir un glaucoma. La presión es una pieza del diagnóstico; el diagnóstico es del oftalmólogo.

¿Por qué sube la presión dentro del ojo?

Porque el ojo fabrica líquido sin parar y ese líquido tiene que salir. El humor acuoso se produce continuamente en el interior del ojo y se drena por un ángulo situado entre el iris y la córnea; cuando el drenaje no da salida a todo lo que entra, la presión sube. Es la misma lógica de un desagüe lento con el grifo abierto.

Los dos tipos de glaucoma son, en el fondo, dos formas de que ese desagüe falle. En el de ángulo abierto el conducto está donde debe estar, abierto, pero funciona mal, y la presión sube poco a poco durante años. En el de cierre angular el iris tapa bruscamente la salida, y entonces la presión no sube, se dispara.

Esa diferencia de velocidad es la que explica todo lo demás, incluido por qué uno se sigue en revisiones y el otro se atiende el mismo día.

¿Cuánta gente lo tiene en España, y por qué la mitad no lo sabe?

Las cifras son las de la Sociedad Española de Oftalmología: en torno al 3 % de la población, cerca de un millón de personas, y la mitad de los afectados sin saberlo. La misma sociedad señala que la frecuencia aumenta de forma exponencial con la edad, aunque no publica un porcentaje por tramos de edad en la información que hemos consultado, así que no lo inventamos aquí.

Que la mitad no lo sepa no es un fallo de nadie. Es la consecuencia directa de cómo avanza la forma crónica.

El glaucoma de ángulo abierto, que es el más frecuente, es de inicio lento, progresivo y generalmente indoloro. No enrojece el ojo, no da molestias y no empaña la visión de golpe. Lo que se pierde primero es campo visual periférico, es decir, los bordes de lo que se ve, y esa es precisamente la zona a la que menos atención presta cualquiera, porque se mira al centro, no a los lados. Cuando el déficit llega a notarse, ya llevaba tiempo instalado.

¿Cuáles son los dos tipos y en qué se diferencian?

En el mecanismo de drenaje y, sobre todo, en la prisa.

Glaucoma de ángulo abierto Glaucoma de ángulo cerrado agudo
Qué ocurre El ángulo de drenaje está anatómicamente abierto, pero el drenaje del humor acuoso es deficiente El iris bloquea o estrecha bruscamente el ángulo de drenaje
Cómo empieza Lento, progresivo, sin dolor Súbito y muy doloroso
Qué se nota Nada al principio; después, pérdida de campo visual periférico Dolor ocular intenso, ojo rojo, visión borrosa con halos, cefalea, náuseas y vómitos
Frecuencia El más frecuente Mucho menos frecuente
Qué hacer Seguimiento oftalmológico regular Urgencias, de inmediato

Los dos se llaman glaucoma y se parecen poco. Uno se vigila durante años; el otro se atiende esa misma tarde.

Señales de alarma

El ataque agudo de cierre angular es una emergencia médica. En él, la presión intraocular puede alcanzar 40-80 mmHg frente al rango habitual de 11-21 mmHg, y sin tratamiento puede producir pérdida visual irreversible en pocas horas.

  • Dolor ocular intenso con el ojo muy rojo, visión borrosa con halos de colores alrededor de las luces, dolor de cabeza y náuseas o vómitos.
  • Pérdida repentina de visión, con dolor o sin ninguna molestia, en uno o en los dos ojos.
  • Relámpagos de luz junto con una lluvia de moscas volantes, o un velo gris en un lado del campo visual: ese conjunto corresponde al desprendimiento de retina, que no da dolor. Cómo se nota está detallado en la página de moscas volantes.
  • Visión doble de aparición reciente; con debilidad o dificultad para hablar, se llama al 112.

Una precisión que evita dos errores contrarios. El glaucoma crónico no es motivo de urgencias, es motivo de seguimiento. El agudo sí lo es, y confundirlos hace daño en las dos direcciones.

¿El glaucoma es curable?

No. Y las tres fuentes que hemos abierto lo dicen casi con las mismas palabras. La Sociedad Española de Oftalmología: «Actualmente no existe cura para esta enfermedad, pero un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden ayudar a retrasar su progresión». El National Eye Institute: «El glaucoma no tiene cura, pero el tratamiento temprano puede a menudo detener el daño y proteger su visión». La American Academy of Ophthalmology, más seca todavía: «El daño por glaucoma es permanente: no puede revertirse».

Eso explica por qué «el glaucoma es curable» y «el glaucoma tiene curación» suman casi 1 900 búsquedas al mes en España, y es la primera pregunta de cualquiera que sale de la consulta con ese diagnóstico. La respuesta honesta no es agradable, pero tiene una segunda parte que sí lo es, y también es de la SEO. Con diagnóstico precoz y tratamiento adecuado, se evita la ceguera en más del 90 % de los casos. Lo que se pierde no vuelve; lo que se conserva, se conserva.

Los tratamientos existen y todos persiguen lo mismo, bajar la presión del ojo. El Manual MSD es explícito en que reducir la presión intraocular es el único tratamiento comprobado clínicamente, con un objetivo de bajarla al menos un 20-40 % respecto de las cifras previas, y describe tres vías: fármacos, cirugía con láser y cirugía convencional. Cuál de las tres y en qué orden depende del tipo de glaucoma, y ahí paramos. En esta página no hay nombres de colirios, ni dosis, ni comparación entre técnicas, porque eso se decide con el ojo delante y las pruebas en la mano.

¿Quién debería revisarse, y a partir de qué edad?

El glaucoma no reparte igual. La American Academy of Ophthalmology enumera, en su sección en español, quién corre más riesgo que la media: quien tiene la presión ocular alta, quien es miope o hipermétrope, quien ha sufrido una lesión en el ojo, quien usa esteroides de forma prolongada, quien tiene la córnea delgada en el centro o un estrechamiento del nervio óptico, quien tiene diabetes, tensión arterial alta, migrañas o mala circulación, quien pasa de los 40 años, quien tiene parientes con glaucoma y quien es de ascendencia africana, hispana o asiática. Y añade lo que más importa de esa lista, y es que acumular varias de esas características eleva el riesgo más que tener una sola.

Dos de esos puntos tienen cifra propia. En la herencia, según la Sociedad Española de Oftalmología, el riesgo puede ser hasta 10 veces mayor en personas cuyos hermanos tienen glaucoma, y basta un familiar de primer grado para que la revisión deje de ser opcional. En la edad, el Manual MSD señala que el glaucoma es 6 veces más frecuente a partir de los 60 años. El National Eye Institute sitúa un riesgo mayor a partir de los 60 años, «especialmente si usted es hispano/hispana», y a partir de los 40 en personas afroamericanas; conviene leerlo con cuidado, porque esas categorías son las del censo estadounidense y no se trasladan sin más a la población española.

Sobre la edad a la que conviene empezar a mirarse, las recomendaciones oficiales no coinciden, y es más honesto decirlo que elegir una y presentarla como consenso.

Quién lo recomienda Qué recomienda
Manual MSD (versión profesional) Examen ocular completo cada 1 o 2 años a partir de los 40 años y en quien tenga factores de riesgo
American Academy of Ophthalmology Un examen general de la visión a los 40 años en adultos sin síntomas ni factores de riesgo; con síntomas o riesgo, la frecuencia la marca el oftalmólogo
National Eye Institute (EE. UU.) Si el riesgo es alto, examen completo con dilatación de pupilas cada uno o dos años
Sociedad Española de Oftalmología Revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente a partir de los 50 años

Hay además una advertencia técnica que conviene llevarse. El mismo Manual MSD avisa de que la presión intraocular, por sí sola, tiene poca sensibilidad, poca especificidad y escaso valor predictivo como prueba de cribado. Es decir, «me miraron la tensión del ojo en la óptica y estaba bien» no es una revisión de glaucoma. La revisión incluye mirar el nervio óptico.

¿Cómo se detecta? La tonometría y las otras dos piezas

Con tres cosas que se hacen en la misma consulta.

La tonometría mide la presión intraocular, y es la prueba que suele hacerse primero porque da una cifra en pocos segundos; el procedimiento concreto depende del tonómetro que use el centro. La exploración del nervio óptico valora si hay daño estructural, mirando el fondo del ojo. El campo visual comprueba si falta visión en la periferia, que es donde el glaucoma crónico empieza a morder.

Ninguna de las tres, por separado, cierra el diagnóstico. Eso es lo que quiere decir el Manual MSD cuando señala que una cifra de presión no basta. Hay incluso un detalle que sorprende a mucha gente. La presión medida desde fuera puede no coincidir con la real, porque una córnea más delgada de lo normal da lecturas más altas y una más gruesa, lecturas más bajas. Por eso en el estudio del glaucoma se mide también el espesor de la córnea, y por eso una sola cifra suelta, sin el resto, no dice tanto como parece.

En el camino hasta ahí, el óptico-optometrista tiene un papel real y conviene entenderlo bien. Es un profesional sanitario no médico: examina la función visual, mide la graduación, adapta gafas y lentes de contacto, y puede detectar signos compatibles con una enfermedad ocular y derivar por ellos. No diagnostica ni trata el glaucoma, porque eso corresponde al oftalmólogo, que es médico. No es raro que el primer aviso llegue así, en una revisión de la graduación, y que la confirmación venga después de una consulta de Oftalmología. Ese circuito funciona siempre que el segundo paso se dé.

¿Y si la visión borrosa no viene del glaucoma?

Es lo más probable, estadísticamente. El glaucoma crónico no empieza empañando la visión, así que cuando alguien llega diciendo «veo borroso» la lista de causas habituales es otra.

El Manual MSD sitúa en primer lugar los errores de refracción no corregidos —miopía, hipermetropía, astigmatismo—, que son en conjunto la causa más frecuente de visión borrosa y se resuelven con una graduación correcta. Después vienen la presbicia, que afecta solo a la visión de cerca a partir de los 40-45 años; la catarata, con visión borrosa progresiva, deslumbramiento y halos; el ojo seco, que da una visión fluctuante que mejora al parpadear; la retinopatía diabética; y la degeneración macular, que distorsiona el centro del campo visual y hace que las líneas rectas se vean onduladas.

Cada una tiene su recorrido y su plazo, y lo que las separa no es la descripción del síntoma, sino la exploración. El detalle está en las causas de la visión borrosa y, si el patrón encaja con el deslumbramiento y los halos, en la página sobre las cataratas.

¿Se puede bajar la presión ocular en casa?

No con nada que hayamos podido verificar. «Como bajar la presión ocular rápidamente» registra 1 000 búsquedas al mes en España, y esa cifra merece una respuesta directa en lugar de una lista de consejos inventada.

Bajar la presión intraocular de forma rápida es, cuando hace falta de verdad, un acto médico urgente. En el ataque agudo de cierre angular se hace en el hospital, con tratamiento farmacológico inmediato, porque hay horas de margen antes del daño irreversible. No es algo que se resuelva en una cocina.

Sobre la alimentación pasa algo parecido, y aquí la demanda también es alta. «Glaucoma alimentos prohibidos» suma 260 búsquedas al mes. No hemos encontrado ninguna lista oficial de alimentos prohibidos en el glaucoma, y no vamos a construir una por nuestra cuenta. Si su oftalmólogo le ha dado indicaciones sobre líquidos o sobre alguna sustancia concreta, esas indicaciones van por delante de cualquier página de internet, incluida esta.

¿Sirven las vitaminas o los suplementos para el glaucoma?

No hay ninguna declaración autorizada en la Unión Europea que relacione un nutriente con la presión intraocular ni con el nervio óptico. El Reglamento (UE) 432/2012 solo admite la fórmula «contribuye al mantenimiento de la visión en condiciones normales», y únicamente para la vitamina A, la riboflavina, el zinc y el DHA, este último con la condición de informar de que el efecto se obtiene con 250 mg al día.

Los ingredientes más publicitados de la categoría están fuera incluso de eso. La declaración de la luteína y la zeaxantina sobre la visión fue rechazada por la EFSA y no figura en la lista de declaraciones autorizadas; la AESAN propone además un techo de seguridad de 20 mg diarios para luteína sola o junto con zeaxantina en complementos vendidos en España.

El estudio que se cita en los anuncios tampoco habla de esto. Las fórmulas AREDS y AREDS2 del National Eye Institute se probaron en personas con degeneración macular intermedia ya diagnosticada, y lo que midieron fue la progresión de esa enfermedad, no la presión del ojo. Un suplemento puede tener sentido por otros motivos; para el glaucoma, no hay nada que lo sostenga.

A quién acudir en España, y en qué orden

Ante el cuadro agudo —dolor intenso, ojo rojo, halos, vómitos— se va a urgencias oftalmológicas directamente, sin pasar por la consulta de siempre. Esa es la excepción reconocida al circuito ordinario.

Sin urgencia, el circuito del Sistema Nacional de Salud es el habitual: médico de cabecera, valoración inicial y derivación a Oftalmología si procede, con la cita gestionada por el servicio de cada comunidad autónoma. Una revisión en la óptica puede ser el primer aviso, pero no cierra nada.

Sobre plazos, dos cifras oficiales y una ausencia. Según el informe de listas de espera del Ministerio de Sanidad con datos a 31 de diciembre de 2025, Oftalmología tiene 77 días de espera quirúrgica media, una de las más cortas del sistema frente a los 121 días del conjunto de especialidades quirúrgicas. La espera media de las primeras consultas de atención especializada es de 102 días en general. La ausencia es la del dato específico de consulta de Oftalmología, que ese informe no desglosa, y por eso no aparece aquí ninguna cifra concreta de cuánto se espera para una primera cita del especialista.

Llegar con los datos ordenados ayuda y no cuesta nada. Si alguna vez le han medido la presión ocular, aunque fuera en una óptica, ese número y su fecha valen para comparar. Conviene llevar también la lista de la medicación que toma, incluidos colirios, y anotar desde cuándo nota lo que nota. La consulta es corta y esos tres datos ahorran la mitad.

Qué resuelve esta página y qué no puede resolver

Aquí está qué es el glaucoma, qué presión intraocular se considera normal y por qué esa cifra no basta para diagnosticar ni para descartar, cuántas personas con la presión alta acaban desarrollándolo, en qué se diferencian la forma crónica y el ataque agudo, por qué la mitad de los afectados en España no lo sabe, quién tiene más riesgo y a partir de qué edad recomienda revisarse cada sociedad, qué pruebas componen el diagnóstico, qué se puede esperar del tratamiento y qué no puede hacer un suplemento.

Aquí no está su presión ni su campo visual.

Y son justamente los dos datos que deciden. Una cifra de tonometría sin la valoración del nervio óptico no significa gran cosa, y ningún texto puede sustituir una consulta en la que se mide, se mira y se compara con la visita anterior.

Lo que hemos decidido no publicar

Sin pautas de tratamiento. Sí decimos qué familias de tratamiento existen y cuál es su objetivo, porque eso está en las fuentes. Lo que no hay aquí son nombres de colirios, dosis ni comparaciones entre técnicas de láser o cirugía, porque esas pautas se ajustan por ojo y por tipo de glaucoma, y publicar medicación de memoria es exactamente lo que no queremos hacer en este sitio.

Sin fotografías. «Como se ve un ojo con glaucoma» es una búsqueda frecuente, y la respuesta incómoda es que, en la forma crónica, un ojo con glaucoma no se ve de ninguna manera especial por fuera. Mirarse en el espejo no descarta nada, y una fotografía simulada tampoco.

El conjunto de temas que tratamos sobre la vista a partir de los 45 está en la página principal de Ojos en Forma, donde el glaucoma comparte espacio con las cataratas y la degeneración macular.

Aviso. Este texto reúne información del Manual MSD, de la Sociedad Española de Oftalmología, del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, de un reglamento europeo, de la AESAN, del National Eye Institute y de un informe oficial del Ministerio de Sanidad. Es información editorial. No diagnostica, no sustituye la tonometría ni el estudio del campo visual y no permite ajustar ningún tratamiento. Con dolor ocular intenso, ojo rojo y halos alrededor de las luces, el paso siguiente son las urgencias oftalmológicas.

Fuentes utilizadas 13

  1. Manual MSD, versión profesional: Generalidades sobre el glaucoma, revisión de marzo de 2025 — rango de presión intraocular normal de aproximadamente 11 a 21 mmHg, hipertensión ocular por encima de 21 mmHg sin equivaler a diagnóstico, conversión de hipertensión ocular en glaucoma del 1-2 % anual o del 10 % en cinco años (referencia del manual: Ocular Hypertension Treatment Study, Kass MA et al., Arch Ophthalmol 2002;120(6):701-830, doi:10.1001/archopht.120.6.701), influencia del espesor corneal en la medida de la presión, glaucoma de tensión normal en aproximadamente un tercio de los pacientes, mayor frecuencia (6 veces) a partir de los 60 años, escaso valor de la presión aislada como prueba de cribado, examen ocular completo cada 1-2 años a partir de los 40 años o con factores de riesgo, y reducción de la presión intraocular (20-40 %) como único tratamiento comprobado, con tres vías: fármacos, láser y cirugía convencional
  2. Sociedad Española de Oftalmología (SEO) — en España el glaucoma afecta aproximadamente al 3 % de la población, cerca de un millón de personas, y la mitad de los afectados no sabe que lo padece; aumento exponencial de la frecuencia con la edad; ausencia de cura con posibilidad de retrasar la progresión; pérdida visual ya producida irreversible; ceguera evitable en más del 90 % de los casos con diagnóstico precoz y tratamiento adecuado; riesgo hasta 10 veces mayor en hermanos de pacientes; recomendación de revisiones periódicas especialmente a partir de los 50 años; consultada el 23-09-2026
  3. Manual MSD, versión profesional: Glaucoma por cierre angular — presión intraocular de aproximadamente 40-80 mmHg en el ataque agudo, cuadro con dolor ocular intenso, ojo rojo, halos, cefalea y vómitos, necesidad de reducción urgente de la presión y riesgo de pérdida visual irreversible en pocas horas
  4. American Academy of Ophthalmology (AAO), sección de salud ocular en español: ¿Qué es el glaucoma? (causas y mecanismo) — producción continua de humor acuoso y drenaje por el ángulo, glaucoma de ángulo abierto como drenaje que funciona mal de forma gradual e indolora, ángulo cerrado con bloqueo del ángulo por el iris y ataque agudo como emergencia, glaucoma de tensión normal y «sospechosos de glaucoma» con hipertensión ocular sin daño; consultada el 23-09-2026
  5. Manual MSD, versión profesional: Desprendimiento de retina — destellos de luz con aumento brusco de moscas volantes y cortina o sombra en el campo visual como señales de alarma, y carácter habitualmente indoloro del cuadro
  6. Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO) — el óptico-optometrista como profesional sanitario no médico que examina la función visual y deriva ante signos de enfermedad ocular, frente al oftalmólogo como médico responsable del diagnóstico y tratamiento; circuito ordinario de acceso a Oftalmología en el SNS y excepción de las urgencias
  7. Ministerio de Sanidad, informe del Sistema de Información sobre Listas de Espera (SISLE-SNS) con situación a 31 de diciembre de 2025 — Oftalmología entre las especialidades con menor demora quirúrgica, 77 días de media, frente a los 121 días del conjunto quirúrgico; 102 días de demora media en primeras consultas de atención especializada, cifra que el informe no desglosa por especialidad
  8. Reglamento (UE) nº 432/2012 de la Comisión, lista de declaraciones de propiedades saludables autorizadas (texto oficial) — declaración «contribuye al mantenimiento de la visión en condiciones normales» autorizada solo para vitamina A, riboflavina, zinc y DHA, con la condición de 250 mg diarios de DHA; ninguna declaración autorizada relativa a la presión intraocular ni al nervio óptico
  9. American Academy of Ophthalmology (AAO), sección de salud ocular en español: Glaucoma: causas y factores de riesgo, apartado «¿Quién está en riesgo de desarrollar glaucoma?» — lista de factores de riesgo (presión ocular alta, hipermetropía o miopía, lesión ocular, uso prolongado de esteroides, córneas delgadas, estrechamiento del nervio óptico, diabetes, tensión alta, migrañas o mala circulación, edad mayor de 40 años, parientes con glaucoma, ascendencia africana, hispana o asiática), carácter permanente e irreversible del daño y recomendación de examen general de la visión a los 40 años en adultos sin factores de riesgo; consultada el 23-09-2026
  10. National Eye Institute (NIH), información en español: Glaucoma — ausencia de cura y efecto del tratamiento temprano, pérdida que empieza por la visión periférica, mitad de los afectados sin saberlo, mayor riesgo a partir de los 60 años (especialmente en personas hispanas) y de los 40 en afroamericanos, antecedentes familiares, examen completo con dilatación cada uno o dos años en riesgo alto y ausencia de medidas preventivas; consultada el 23-09-2026
  11. AESAN, Comité Científico, informe nº 17 — propuesta de cantidad máxima diaria de 20 mg de luteína, sola o asociada a zeaxantina, en complementos alimenticios en España
  12. National Eye Institute (NIH): About AREDS and AREDS2 — composición de la fórmula AREDS2 y reducción de aproximadamente el 25 % del riesgo de progresión en personas con degeneración macular intermedia ya diagnosticada, cifra medida en el primer AREDS y mantenida por el NEI para ambas fórmulas; población y objetivo distintos del glaucoma
  13. Manual MSD, versión para el hogar: Visión borrosa — errores de refracción no corregidos como causa más frecuente en conjunto, y presbicia, catarata, ojo seco con visión fluctuante que mejora al parpadear, retinopatía diabética y degeneración macular con distorsión central como otras causas frecuentes en adultos

Preguntas frecuentes

¿Qué es el glaucoma en palabras sencillas?

Es una enfermedad del ojo en la que se va perdiendo campo visual, empezando por los bordes de lo que se ve, y en la que el oftalmólogo valora tres cosas para diagnosticarla: la presión intraocular, el estado del nervio óptico y el campo visual. La forma más frecuente avanza despacio y sin dolor, y eso explica que en España cerca de la mitad de los afectados no sepa que lo tiene.

¿Cuál es la presión ocular normal?

Aproximadamente entre 11 y 21 mmHg. Por encima de 21 mmHg se habla de hipertensión ocular, que es un factor de riesgo y no un diagnóstico. Y al revés también ocurre: alrededor de un tercio de las personas con glaucoma tiene la presión dentro del rango normal, de manera que una cifra tranquilizadora no cierra el asunto.

¿Se puede tener glaucoma con la presión normal?

Sí, y no es raro. Es lo que se llama glaucoma de tensión normal, y según el Manual MSD afecta aproximadamente a un tercio de los casos. Por eso el diagnóstico no se basa solo en la tonometría: hace falta valorar el nervio óptico y el campo visual, que son las piezas que muestran el daño cuando la presión no lo delata.

¿Cuáles son los primeros síntomas del glaucoma?

En la forma crónica, ninguno perceptible durante bastante tiempo. No hay dolor, ni ojo rojo, ni visión borrosa brusca; lo que se pierde primero es la periferia del campo visual, y esa pérdida pasa desapercibida porque la atención se dirige al centro. El cuadro con síntomas llamativos —dolor intenso, ojo rojo, halos, náuseas— corresponde al ataque agudo de cierre angular, que es una urgencia.

¿El glaucoma tiene curación?

No. La Sociedad Española de Oftalmología lo dice textualmente: no existe cura, aunque un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado ayudan a retrasar la progresión. El National Eye Institute y la American Academy of Ophthalmology coinciden: el daño ya hecho al nervio óptico es permanente y no se revierte. La parte buena, también de la SEO, es que con diagnóstico precoz y tratamiento adecuado se evita la ceguera en más del 90 % de los casos. Los tratamientos —fármacos, láser, cirugía— tienen todos el mismo objetivo, bajar la presión del ojo; los nombres y las dosis son cosa de la consulta.

¿Cómo se mide la presión del ojo?

Con un tonómetro, en una prueba rápida que se hace en la propia consulta; el procedimiento concreto depende del aparato de cada centro, y quien la realiza lo explica en el momento. Dos cosas importan más que el aparato. La primera: el resultado depende del grosor de la córnea —delgada, lecturas más altas; gruesa, más bajas—, así que en el estudio del glaucoma se mide también ese espesor. La segunda: la cifra sola no decide nada, porque el Manual MSD advierte de que la presión por sí misma tiene poco valor como prueba de cribado. Es la combinación con el nervio óptico y el campo visual la que distingue una presión alta aislada de un glaucoma.